El Lebron

Por Jose M. Garcia Hernandez

Estaba ya avanzada la temporada y las escopetas  habían masacrado la
zona donde yo habitualmente suelo cazar; es una zona casi desertica de
monte bajo, y en la que suele haber algunas liebres al principio de
temporada.  Pero el domingo anterior, aquello parecía Vietnam; pasé por
la zona a ver si había muchas escopetas (jamás se me ocurre cazar con mi
harris allí un Domingo, "por si las moscas") y había lo menos tres
cuadrillas peinando el terreno.
Pero a un cetrero no hay quien lo amilane (para cabezones, nosotros) y
me dispuse a patear el terreno con "Bruja" a ver si levantavamos algo.
Tras media hora de busqueda, pense, que tras la "batalla" del Domingo,
quizá alguna liebre se habría refugiado en un campo de almendros que
está rodeado por varias casas y que las escopetas no suelen cazar por la
proximidad de las viviendas. Me dirigí hacia allí y al poco de comenzar,
se levantó una liebre....mejor dicho, una señora liebre, o mejor, la
madre de todas las liebres, la más grande que había visto nunca. Era
enorme.
Ya está Bruja tras ella, la liebre corría como ninguna, volaba, pero en
unos cien metros la atrapa.  Yo corría como podía, saltando los espartos
como Dios me daba a entender, cuando unos berridos colosales llenaron el
campo, mientras los dos contendientes daban saltos como posesos, y de
pronto, el silencio.
Cuando llegué al lugar de la batalla, Bruja jadeaba como nunca, pero de
la liebre, ni señales, bueno si, un puñado de pelos en las garras del
pájaro, que me pareció por su actitud, como si estuviese aturdida.
Resulta que en el fragor de la lucha, la liebre propino una soberana coz
en la cabeza de "Bruja" y esta aturdida, se vio obligada a soltar.   Esa
liebre había defendido su pellejo con bravura.
Llevé a mi harris a casa y estuvo un buen rato como atontada. La miré
por todas partes por si tenía alguna herida y por la tarde, lo intenté
de nuevo en otro terreno, donde el pájaro dejó ir sin hacerles caso a
dos liebres.¡¡Dios mio, les ha cogido miedo a las liebres!!
Afortunadamente un par de días despues, y tras hacerle un temple más
recio, con una liebre mediana de escape que le hicimos con mucho tiento,
volvió a atraparla, la dejamos cebarse en ella hasta hartarse, y gracias
a Dios otra vez "Bruja" comenzó a cazarlas como antes.
Estas son las anecdotas y las imagenes que la cetrería deja grabadas en
nuestra memoria. No importa tanto el número de piezas que consigamos.
Para mí, el recuerdo de esa liebre no cazada, un "lebrón" como dicen en
mi tierra, ocupará siempre un lugar en mi corazón. Una liebre que en
lucha de igual a igual esa mañana, salvó su pellejo bravamente. Ojalá
mucha gente entendiera así la caza.