En memoria de Sky, mi Harris.  

 

Seguro que a los experimentados les parecerá incluso patético, pero permitirme que plasme en este espacio mi ilusión.

 

No hace más que unos meses que perdí a un compañero Sky.  Este era un macho de Harris que llegó a mí con cuatro mudas. Ahora entiendo que fue un pájaro especial. Imposible de meterle perros. Atacaba un conejo, si no veía un perro en un mes. Sus primeros escapes daban pena. Había que atarle en el cuello de la presa un trozo de carne pelada para que decidiese tirarse a él. Mi perra Diana, le sacaba conejos en el bajo monte y el pájaro se lo miraba si es que no se estaba arreglando las plumas. Quizás Sky, era un cazador malo, o yo un mal cetrero. Me da igual, yo puedo cambiar, pero mi compañero murió y no pude mejorar su técnica, si es que tenía técnica. Hecho de menos a Sky.  Fue mi primer pájaro. Era mi reto. (Para mi fuiste el mejor).  Tanto a mí como a mi familia, nos dejó tocados, sobre todo, por que murió solo.  Creo que le fallé en algo.   

 

Gracias al apoyo de un compañero, mi maestro y más admirado cetrero, cuento en estos momentos con una hembra de Harris. Le puse Lola.

Lola es bonita, larga, grande... Tiene manos de mujer, uñas largas, y dedos perfectos. Su mirada es profunda. Da miedo.  Creo que cazaremos juntos.

 

Hoy escribo, animado después de hacer su primer escape en el campo con conejo. Seguro que cazaremos.

 

Solo he traído a Lúa, mi pequeña Grifona de seis meses. Ha sido todo muy rápido. Quizás demasiado rápido. Mª Rosa, cetrera y mejor amiga, que siempre me acompaña y me apoya (estoy casado con ella), se ocupa del conejo que traemos en un  transportin de perro.  A no mucha distancia abre la puerta de la caja para que entre Lúa en ella, mientras que yo de  espaldas observo de reojo como sale lanzado el conejo. Cuando lo hace, la perra le sigue. Parece dar ventaja al rabicorto, pero es que sus cortas patitas no dan para más. Antes de girarme y todo ello en fracciones de segundos, Lola advierta el galope del conejo y sale despedida de mi guante. Desciende hasta tocar con la punta de sus alas el suelo mientras bate. Peligra la perra, le sigue de cerca, pero levanta el vuelo lo justo para evitarla, la rebasa y parece que rebasa también el conejo, pero no. Gira y cae sobre su cabeza.  El conejo es fuerte y grande, se debate como un potro salvaje. Lola como un jinete, no suelta las riendas de sus orejas. El animal patea el aire. Chilla.  Ya está cubriendo. Temo por sus plumas. Me aparto y dejo que la Naturaleza, haga su curso. Mª Rosa dice ¡que pasada! ¡ha sido visto y no visto!. Demasiado rápido, pero supongo que la caza consiste en eso. Estoy  nuevamente ilusionado. Lola me ha devuelto las ganas de cazar y hasta de escribir.

 

Pero aunque mi pájara cace un venado, nunca olvidaré a mi pequeño Sky. El nos hizo volar.

 

Pineda de Mar, 15 de Octubre del 2.001